Crítica de "Olivia y Eugenio", dirigida por José Carlos Plaza

C’ EST LA VIE

La emoción se sirve para hacer de “Olivia y Eugenio” una producción tan bella como punzante. Capaz de provocarte un nudo en la garganta desde que se abre el telón hasta el silencio final cuando éste se cierra, José Carlos Plaza dirige este extraordinario texto de Herbert Morote, una pieza bella, crítica y esperanzadora con la que Concha Velasco regresa a los escenarios más inmensa que nunca. | Por Cristina Hernández.

Habrá que seguir luchando por mantener la cultura en nuestro país, porque sería de anormales no entender una sociedad con acceso a estos bienes. El teatro quizás no cambie el mundo pero sí que se ha demostrado que tiene efectos beneficiosos para la salud. Sí, sí, la OMS no ha hecho más que confirmar que las artes escénicas tienen el poder de hacernos vivir mejor y más tiempo haciendo de la crítica, el humor y el sentimiento una vía de escape con la que olvidar agobios y disfrutar de este poderoso entretenimiento. Hasta el día 25 se puede disfrutar de “Olivia y Eugenio” en el Teatro Bellas Artes de Madrid, una propuesta absolutamente maravillosa. Herbert Morote firma este texto dirigido por José Carlos Plaza, una preciosa historia en la que se cuestionan los valores en tiempos de crisis, un montaje sensible y bello cuya mezcla de sentimientos, de sonrisas y lágrimas, es un símil que retrata lo que al fin y al cabo es la vida.

El esperanzador mensaje de esta brillante obra pasa por hacer testigo al espectador de un ajuste de cuentas verbal con el que Olivia da un repaso a lo vivido, afronta las trabas impuestas, la enfermedad que le está masacrando, dirigiéndose a su marido, a su madre, a sus amigos, a sus médicos y criticando a todos aquellos que presumen de ser normales. ¿Es normal aquel asesino, corrupto, terrorista o violador?, cuestiona esta madre cuya sinceridad tiñe las palabras que le dirige a su ángel, su hijo Eugenio, un joven con síndrome de Down interpretado por Hugo Aritmendiz – y Rodrigo Raimondi, de manera alterna – al que liga el sentido de su existencia.

Con “Olivia y Eugenio” la emoción se mantiene de manera ininterrumpida desde que se abre el telón hasta que se cierra tras los aplausos del público, un poderoso sentimiento que baña la atmósfera del Teatro Bellas Artes y que ancla al espectador a su butaca para ser testigo de una pieza dramática que no causa indiferencia. Escapándose también la sonrisa a lo largo de sus 90 minutos, la emoción se complementa, pero también se intensifica, por ser la obra con la que Concha Velasco regresa a los escenarios tras su enfermedad. Más inmensa que nunca, la conmoción de esta historia, que en ocasiones parece tener referentes autobiográficos, se ve en la mirada de la artista vallisoletana, cuya delicadeza y cariño hacia su compañero de escena subraya la autenticidad de este punzante, sobresaliente y hermosa propuesta teatral.

:: “Olivia y Eugenio” puede verse hasta el 25 de enero en el Teatro Bellas Artes de Madrid de martes a domingo. Más información y venta de entradas aquí.
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